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El Mundo, 'La desconocida' protagoniza un cierre del cine español en Málaga brillante, incómodo...

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El debut de Pablo Maqueda con un Manolo Solo descomunal al lado de la nueva película del chileno Matías Bizé y la ópera prima, que ya sorprendiera en el Festival de Austin, de Alejandro Rojas y Juan Sebastián Vasquez clausuran un buen festival


Es raro que el Festival de Málaga reserve buena parte de sus mejores películas para justo el final; es extraño ese empeño por convertir cada película en una agobiante pasarela de famosos; es casi incompresible el trabajo que se toma el certamen autodenominado del cine español en ocultar la sección oficial, la que cuenta, entre una barahúnda de alegres festejos, premieres intrascendentes, presentaciones de series e inauguraciones de piedras. Pero cada uno es como es y va a lo que va. Aunque se entienda poco y hasta mal.

Por alguna razón, en el margen estrecho de dos días, buena parte de las mejores películas con las que contaba la competición han desfilado en régimen de marcha marcial: desde la premiada en Berlín '20.000 especies de abejas', de Estíbaliz Urresola, a la hipnótica, acuática y ligeramente apocalíptica 'La pecera', de Glorimar Marrero Sánchez, o la febril, encantadora y muy sensual 'Las hijas', de Kattia González, pasando por las tres (sí, tres) que desembarcaron el último día como el que dice a la carrera y sobre la línea de meta. Es el momento quizá de recordar la pésima inauguración. Pero tampoco se trata de hacer sangre.

Quizá la intención de los programadores fue evitar al público el agrio argumento que guía a las cintas que tuvieron a bien clausurar todo esto. No va con el buen tiempo, debieron pensar. En efecto, las tres últimas películas se ven mejor con el culo al borde del asiento. Y las tres dan mucho frío. 'La desconocida', de Pablo Maqueda, adapta una obra de Paco Becerra y trata de eso que en inglés se oculta bajo el nombre de 'grooming' y que no es más que la práctica del engaño pederasta a través de la red. Y, claro, pica, molesta e irrita. Todo a la vez. 'El castigo', del chileno Matías Bizé, coloca con sabiduría y mucha sangre fría a unos padres ante la situación de verse desnudos y culpables ante la extrañeza, que también es pánico, de un hijo que se pierde en el bosque. Y, por último, 'Upon entry (La llegada)', la ópera prima de la pareja Alejandro Rojas y Juan Sebastián Vasquez, se sitúa en la aduana de entrada a Estados Unidos para hurgar con una inteligencia desusada en los mecanismos no tan secretos del racismo, el miedo y la simple supervivencia. Digamos que todas duelen. La última mata.

'La desconocida' tiene en un descomunal Manolo Solo (no lleva tilde, pero debería llevarla sobre cada una de las letras) a su puntal, que también es puñal. De repente, un actor tan dado a figurar como el primero entre los que vienen después del primero, es sencillamente un tipo de canta (mal) a Julio Iglesias. Y en la crudeza, malestar y falta de afinación con que se conduce se antoja definitivamente el primero de todos. La secuencia de presentación irrumpe en la pantalla como lo acostumbra a hacer una pesadilla a las cinco de la mañana. En crudo y sin molestarse en pedir permiso.

Se relata el encuentro de un pederasta con su víctima, una Laia Manzanares que quizá no es lo que parece. Nada es lo que parece porque en efecto el juego que lo dirige todo es el del engaño. Nos encontramos en el cálido terreno de un cuento de hadas con lobos, caperucitas y bosques impenetrables; un lugar tan perfectamente reconocible que asusta. Desde ahí, la película se las arregla para someter al espectador a un delicada y precisa tortura de modales 'hanekianos' que es a la vez 'thriller' tenso y análisis de costumbres; denuncia y revelación. La primera ficción que dirige Maqueda es así una obra tan consciente del mito que habita como conocedora de la tradición que continúa. Sin duda, el principio de mucho.


ANTONIA ZEGERS, EL PODER DE UNA ACTRIZ

'El castigo' se antoja el regreso, si es que alguna vez se alejó, a la gloriosa obsesión de Matías Bizé por la sincronía de dos cuerpos que se atraen y se repelen con la misma fuerza. El director de 'En la cama', 'La vida de los peces' o 'En tu piel' -todas ellas atravesadas por la herida de una pareja en llamas- propone una situación que, a su modo, también es juego; juego perverso, pero juego al fin.

Una pareja de viaje decide castigar a su muy indomesticable hijo dejándole durante unos minutos solo en mitad de un bosque. El coche sigue, el chaval se queda. El coche vuelve, el crío ya no está. Toda la cinta discurre en el tiempo de búsqueda que lo es en la misma medida de desesperación, agobio y resentimiento. La película se entretiene en moldear la propia experiencia del tiempo de espera con una sabiduría tan agria como perfectamente reconocible por cualquier padre. Y por cualquier hijo. El resultado es un diminuto prodigio con una actriz, Antonia Zegers, muy cerca de la más incómoda e irresistible de las perfecciones (e irían dos).


UN AGOBIO PERFECTO


Por último, quedaría 'Upon entry (la llegada)' para componer una perfecta trilogía de la incomodidad. Alberto Ammann y Bruna Cusí son una pareja -venezolano él, español ella- dispuesta a empezar eso que se da en llamar nueva vida (que es como la antigua, pero separada por una mudanza) en Estados Unidos. Toda la cinta de Alejandro Rojas y Juan Sebastián Vasquez, que ya sorprendiera en el Festival de Austin, discurre de interrogatorio en interrogatorio en las oficinas de la aduana americana en una suerte de muy atinada actualización de 'El proceso'. Lo que para Kafka quería ser entre otras muchas cosas metáfora de la eliminación del individuo (austrohúngaro o no), ahora es más bien simple humillación del austrohúngaro (individuo o no). Solo eso.

La película crece de la mano de unas interpretaciones tan pautadas y medidas (ya sumamos cuatro) como el propio ritmo impecable e implacable de una cinta que se esfuerza en erigir, y lo logra, un monumento a la claustrofobia. Agobia hasta el sudor cada segundo. No hay forma de contradecir ni uno solo de los planos de este diamante transparente, duro y perfecto. Todas hieren, la última mata.

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